lunes, 7 de septiembre de 2015

LA NATIVIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA



8 Septiembre

La natividad de María es el preludio de la Natividad de Jesús, pues con la aparición de Ella ya empieza a realizarse el Plan de Dios para la Encarnación de su divino Hijo. El Altísimo predestina a la Virgen de Nazaret y la prepara para que sea la Madre de Dios. La Madre preanuncia al Hijo, cuando dice que el Hijo está a punto de llegar, que las promesas antiguas sobre la salvación de la Humanidad, se van a convertir en historia. Toda la grandeza de María es esta: Es la criatura elegida por Dios para que sea la Madre de su Unigénito. Miqueas  la profetizó: como “la que ha de dar a luz”, afirmando que el tiempo de su parto era el comienzo de una era nueva. Pues, en Belén, al nacer Jesús de la Virgen María, comenzará la era de la salvación mesiánica.

La Natividad de María, es, pues, la aurora de la Redención: con Ella aparece una luz nueva  sobre toda la Humanidad: luz de pureza, de inocencia, de gracia precursora de la gran Luz que envolverá la tierra cuando nazca Jesús” Luz del mundo.”

La Virgen María estuvo preservada  del pecado; estaba llena de Gracia; no contrajo el pecado original en previsión de los méritos de Cristo. No solo anuncia la redención cercana sino que es la primera redimida por su Hijo divino y su Concepción Inmaculada la preservó del pecado original.

Después del nacimiento de Jesús, ningún otro nacimiento ha sido tan importante para Dios y tan precioso para el bien de todos los hombres como el de María. Es lástima que su nacimiento haya quedado en la oscuridad, que nadie lo hubiera registrado. Sus orígenes y toda su vida se pierden en el silencio. Su nacimiento es un acontecimiento grandioso envuelto en su profunda humildad. La fiesta que celebramos hoy, es una invitación a la vida escondida con María en Cristo y con Cristo.

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