Jesús, en el Sermón de la Montaña nos explica cómo
ha de ser nuestra humanidad auténtica. Nos quiere mostrar cómo se llega a ser
hombre. Sus ideas fundamentales se podrían resumir en esta afirmación: el
hombre sólo se puede comprender a partir de Dios, y sólo si vive en relación con Dios, su vida será
verdadera y tendrá sentido. Dios ya no es un desconocido; no es un Señor
lejano al que conocemos por Moisés y
los Profetas, Dios nos muestra su Rostro
en Jesús de Nazaret. Por sus Obras y por su Palabra reconocemos los
pensamientos y la Voluntad
de Dios mismo
Ya que ser hombre exige
relacionarse con Dios, está bien claro que incluye también el hablar con Dios y
el escuchar a Dios; el Señor, Jesús nos dice cómo hemos de orar.
La Oración no ha de ser una
exhibición ante los demás; requiere una discreción como si se tratara de una
relación amorosa. La
Escritura nos dice que Dios viene a cada uno de nosotros
llamándolo por su nombre. Su amor por cada uno de nosotros es enteramente
personal y lleva en sí ese misterio de lo que es único e intransferible y no se
puede divulgar entre los hombres. Pero esta discreción no excluye la dimensión
comunitaria
Otra forma equivocada de rezar es
la palabrería; el Señor nos avisa del peligro de asfixiar el espíritu recitando
oraciones que por conocerlas muy bien, nos salen solas y nuestro espíritu puede
estar ocupado en otras cosas. Estamos muchísimo más atentos cuando le pedimos
al Señor que nos solucione algo que cuando vamos a darle las gracias por algo
que ya hemos recibido. Lo importante es estar con el Señor. Seremos mejores y
soportaremos mejor el dolor y comprenderemos mejor y aceptaremos a los demás si
vivimos en la Presencia
del Señor, esa Presencia silenciosa de Dios que descubrimos en el fondo de
nuestros pensamientos, que llamamos ”oración continua” y que nos predisponen al
amor fraterno y a una vida de piedad más intensa porque cuánto más sentimos a
Dios con nosotros, más podemos estar con Él en la oración vocal. La Oración puede y debe brotar
de nuestro corazón, de nuestras penas, para comunicar nuestras alegrías,
sufrimientos, vergüenza por los pecados
cometidos, gratitud por los bienes recibidos; también debemos rezar por los
demás. Como Iglesia participamos de la Oración de los hermanos que peregrinan y de la
intercesión de los que ya gozan de la Presencia de Dios en el cielo.
Lucas pone el Padrenuestro en
relación con la oración personal de Jesús mismo. Jesús nos hace partícipes de
su propia Oración, nos introduce en el diálogo interior del Amor trinitario y
eleva nuestras necesidades humanas hasta el propio Corazón de Dios. El
significado del Padrenuestro está más allá de la comunicación de palabras para
rezar. Pretende formarnos, quiere ejercitarnos en los mismos sentimientos de
Jesús.
Para interpretar el Padrenuestro
hay que escuchar la palabra de Jesús, tal como se nos ha sido transmitida a
través de las Escrituras. Tenemos que descubrir lo que Jesús pensaba y lo que
nos quería transmitir con esas palabras. Pero tenemos que saber que el
Padrenuestro, procede de su Oración personal, del diálogo del Hijo con el
Padre.
Por su íntima unión con el Señor,
algunos santos de todos los tiempos, han llegado a unas profundidades
insospechadas y han sido capaces de hablar de las ocultas riquezas de la Oración. Cada uno de nosotros,
en su relación totalmente personal con Dios, puede sentirse acogido y protegido
y conocerá como el Señor desea orar precisamente con él
Comenzamos con la invocación”
Padre”.Para que el hombre pueda presentar sus peticiones tiene que estar en la Verdad, Dios, el Reino de
Dios. Cuando nos disponemos a orar con el Padrenuestro, tenemos que salir de
nosotros mismos y abrirnos a Dios. El Padrenuestro comienza en Dios y Él nos
conduce por los caminos del ser hombres. Al final, le rogamos que no nos deje
caer en tentación porque el Demonio no desaprovecha la ocasión de tentar a los
hombres que guardan los Mandamientos y mantienen el testimonio de Jesús.
La palabra Padre aplicada a Dios nos
obliga a vivir como “hijos” y ser “hijos;. equivale a seguir a Jesús. Cada
hombre, individualmente y por sí mismo es amado por Dios. Él nos conoce a cada
uno, y es nuestro verdadero PADRE.
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