jueves, 3 de septiembre de 2015

LA ORACIÓN DEL SEÑOR




Jesús, en el Sermón de la Montaña nos explica cómo ha de ser nuestra humanidad auténtica. Nos quiere mostrar cómo se llega a ser hombre. Sus ideas fundamentales se podrían resumir en esta afirmación: el hombre sólo se puede comprender a partir de Dios, y sólo si  vive en relación con Dios, su vida será verdadera y tendrá sentido. Dios ya no es un desconocido; no es un Señor lejano al que conocemos  por Moisés y los Profetas, Dios  nos muestra su Rostro en Jesús de Nazaret. Por sus Obras y por su Palabra reconocemos los pensamientos y la Voluntad de Dios mismo

Ya que ser hombre exige relacionarse con Dios, está bien claro que incluye también el hablar con Dios y el escuchar a Dios; el Señor, Jesús nos dice cómo hemos de orar.

La Oración no ha de ser una exhibición ante los demás; requiere una discreción como si se tratara de una relación amorosa. La Escritura nos dice que Dios viene a cada uno de nosotros llamándolo por su nombre. Su amor por cada uno de nosotros es enteramente personal y lleva en sí ese misterio de lo que es único e intransferible y no se puede divulgar entre los hombres. Pero esta discreción no excluye la dimensión comunitaria

Otra forma equivocada de rezar es la palabrería; el Señor nos avisa del peligro de asfixiar el espíritu recitando oraciones que por conocerlas muy bien, nos salen solas y nuestro espíritu puede estar ocupado en otras cosas. Estamos muchísimo más atentos cuando le pedimos al Señor que nos solucione algo que cuando vamos a darle las gracias por algo que ya hemos recibido. Lo importante es estar con el Señor. Seremos mejores y soportaremos mejor el dolor y comprenderemos mejor y aceptaremos a los demás si vivimos en la Presencia del Señor, esa Presencia silenciosa de Dios que descubrimos en el fondo de nuestros pensamientos, que llamamos ”oración continua” y que nos predisponen al amor fraterno y a una vida de piedad más intensa porque cuánto más sentimos a Dios con nosotros, más podemos estar con Él en la oración vocal. La Oración puede y debe brotar de nuestro corazón, de nuestras penas, para comunicar nuestras alegrías, sufrimientos,  vergüenza por los pecados cometidos, gratitud por los bienes recibidos; también debemos rezar por los demás. Como Iglesia participamos de la Oración de los hermanos que peregrinan y de la intercesión de los que ya gozan de la Presencia de Dios en el cielo.

Lucas pone el Padrenuestro en relación con la oración personal de Jesús mismo. Jesús nos hace partícipes de su propia Oración, nos introduce en el diálogo interior del Amor trinitario y eleva nuestras necesidades humanas hasta el propio Corazón de Dios. El significado del Padrenuestro está más allá de la comunicación de palabras para rezar. Pretende formarnos, quiere ejercitarnos en los mismos sentimientos de Jesús.

Para interpretar el Padrenuestro hay que escuchar la palabra de Jesús, tal como se nos ha sido transmitida a través de las Escrituras. Tenemos que descubrir lo que Jesús pensaba y lo que nos quería transmitir con esas palabras. Pero tenemos que saber que el Padrenuestro, procede de su Oración personal, del diálogo del Hijo con el Padre.

Por su íntima unión con el Señor, algunos santos de todos los tiempos, han llegado a unas profundidades insospechadas y han sido capaces de hablar de las ocultas riquezas de la Oración. Cada uno de nosotros, en su relación totalmente personal con Dios, puede sentirse acogido y protegido y conocerá como el Señor desea orar precisamente con él

Comenzamos con la invocación” Padre”.Para que el hombre pueda presentar sus peticiones tiene que estar en la Verdad, Dios, el Reino de Dios. Cuando nos disponemos a orar con el Padrenuestro, tenemos que salir de nosotros mismos y abrirnos a Dios. El Padrenuestro comienza en Dios y Él nos conduce por los caminos del ser hombres. Al final, le rogamos que no nos deje caer en tentación porque el Demonio no desaprovecha la ocasión de tentar a los hombres que guardan los Mandamientos y mantienen el testimonio de Jesús.

La palabra Padre aplicada a Dios nos obliga a vivir como “hijos” y ser “hijos;. equivale a seguir a Jesús. Cada hombre, individualmente y por sí mismo es amado por Dios. Él nos conoce a cada uno, y es nuestro verdadero PADRE.

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