Este BLOG es público con temas de Religión colaborando con la Virgen del Rosario en el tema de la Evangelización. Ruego que Blogger y Google favorezcan que llegue a muchos lectores. Gracias.Este BLOG es copia del primero: http://rosadeabril.-m.blogspot.com. . Yo fui pasando los archivos a fin de que lo leyeran en FACEBOOK..¿¿Se puede suprimir y publicar el primero?
sábado, 11 de julio de 2015
PROYECCIÓN E INTROYECCIÓN
PROYECCIÓN E INTROYECCIÓN
Cuando hablamos de proyección e introyección, nos estamos refiriendo a unos mecanismos de defensa que utilizamos con los demás, frente a los demás, para evitar conectar con algo que hemos hecho y que nos duele demasíado.
La “retroflexión” es otro mecanismo importante: Imagínense que un día, uno de ustedes, cargado de hostilidad hacia mí, se sitúa ahí en medio y empieza a decir unas cosas horribles de mí; no me las dice personalmente a mí; pero lo que ha hecho y lo que oigo, me conecta perfectamente con su “enfado”. Yo me alboroto toda pues lo que está diciendo es una monstruosidad, más, no debo dejarlo en evidencia. Una emoción muy intensa me embarga y, ya se ha convertido en acción y se dirige con fuerza hacia el que me ha injuriado…Lo quiero matar lo quiero destruir, lo quiero sacar de mi vida porque me ha herido profundamente…Sin embargo, no puedo, mis convicciones ético-religiosas me lo impiden. Como no soy capaz de lastimarlo porque es mi hermano y lo quiero, levanto una pared entre los dos para protegerlo de mí. Esa pared, se ha transformado en un espejo y mi hostilidad se vuelve hacia mí y recibo de mí misma aquella actitud destructiva que había generado contra el “uno de ustedes” que me había hecho daño. Esto es “retroflexión”: Me perjudico yo para no perjudicarlo a él.
¿Qué es la culpa? La culpa es una retroflexión del resentimiento. Cuando yo me siento culpable, busco dentro de mí el resentimiento que tengo escondido hacia el “otro”. Si consigo “arrancar” ese resentimiento, se resuelve el problema y la culpa ¡desaparece!
La tristeza más triste, nos dijo el Profesor, es sentir tristeza por ser uno como es. Esto y la vergüenza de uno mismo, puede desencadenar situaciones de mucha angustia. Hay quien no se acepta muy bien y se va cargando de dinamita y, cuando ya no puede más, dispara indiscriminadamente…Para mí, la tristeza más triste es la que siente el que va de pluscuamperfecto por la vida, sin reconocer su insignificancia. Somos insignificantes…¡Somos poca cosa! Cometemos errores; pero ¡¡¡no pasa nada!!!
El Señor que es la Bondad, Infinita nos acoge como somos, si somos humildes y amamos a los hermanos. Dios nos busca de muchas maneras porque quiere tener intimidad con nosotros. No quiere vernos atormentados con frustraciones, melancolías, vergüenzas y, mucho menos si con todo ello atormentamos a los demás.
Todo el tiempo de que disponemos es muy poco para agradecer a Dios tantas y tantas cosas…¡Gracias por la vida!. ¡Gracias por el alma!. ¡Gracias por mi destino eterno!. ¡Gracias por las personas que me has dado para que me amen en tu Nombre mientras camino hacia Ti´
Padre, en tu voluntad, amo mi insignificancia. No me permitas que algo me separe de Ti. AMÉN.
martes, 7 de julio de 2015
LA PIEDAD
Muchas batallas se libran todos los días en el corazón del hombre que, sólo puede vencer a sus enemigos, por la fuerza que Dios le comunica.
Jacob, nuestro Patriarca, sostuvo un duro combate con un ángel con figura de hombre, Jacob ganó el combate gracias a la fuerza que Dios le comunicó. Él había vivido una vida muy humana, apoyado solo en medios muy naturales; pero , a partir de ahora, confiará y contará para todo con Javhé que para eso reafirmó en él la Alianza con el pueblo elegido. La lección de esta hazaña era que ya no le faltaría nunca la bendición y la protección divina en las dificultades que se le pudieran presentar a lo largo de su existencia.
Esta escena del Antiguo Testamento es imagen de las luchas espirituales que han de sostener los cristianos con fuerzas muy superiores a ellos, y con ellos mismos, contra sus propias pasiones y tendencias, inclinados al mal, después del pecado de nuestros padres. Advierte San Pablo: “No es nuestra lucha contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo, contra los espíritus malos de los aires”. Son los ángeles rebeldes que ya han sido vencidos por Cristo; pero no dejarán de atacar al hombre hasta el fin de su vida. Cada hombre en su alma, lucha contra un ejército. Los enemigos son la soberbia, la avaricia, la sensualidad, la pereza…Dice San Agustín que es muy difícil que el hombre salga ileso de estos ataques. Sin embargo, la victoria es nuestra si oramos todos los días, si vivimos en la Presencia de Dios, si pedimos la intercesión de nuestro Ángel Custodio y de nuestra Madre, la Virgen María. Cristo, el Señor, el Juez Supremo, en el combate que nos enfrenta al Demonio, Cristo no está indiferente; está por entero de nuestra parte. En el día de nuestro Bautismo, a nosotros nos ha ungido con el óleo de la alegría y, al diablo, lo ha atado de pies y manos con lazos irrompibles para paralizar sus acometidas, de tal manera está condicionado el demonio que para que nos haga daño, tenemos que acercarnos a él; pero aún así, si el hombre tropieza y cae, el Señor, allí está para tenderle la mano, levantarlo de la caída y volver a ponerlo en pie.
Por muchas que sean nuestras debilidades, Cristo es nuestra seguridad. ¡Cristo no nos deja! ¡Cristo no es neutral!; está siempre de nuestra parte. Por eso podemos decir con San Pablo…”Todo lo puedo en Cristo que me conforta, que me da las ayudas necesarias, si acudo a Él”
Nuestras luchas diarias se concretan en cosas pequeñas, sin relieve: fortaleza para cumplir con delicadeza y constancia nuestros actos de piedad con el Señor, sin olvidarlos, sin posponerlos, sin anteponerlos por cualquier otra cosa que se nos presenta. Debemos corregir nuestro mal carácter, ser delicados con los demás; realizar muy bien nuestro trabajo, porque ya se lo hemos ofrecido a Dios, sin chapuzas Y, es fundamental que encontremos tiempo y personas que colaboren en nuestra Formación cristiana y teológica.
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