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Nuestro Señor funda su Iglesia sobre la debilidad, pero también sobre la fidelidad de unos hombres sencillos, los Apóstoles, a los que promete la asistencia constante del Espíritu Santo. Los Apóstoles, sin esta ayuda, no hubieran podido hacer nada: eran pobres, incultos y Jesús les confió una tarea divina, inmensa , que, en sus comienzos apostólicos, parecía abocada al fracaso; pero los Apóstoles eran hombres de fe y fueron fieles y predicaron por todo el mundo aquella Doctrina que se oponía a muchas costumbres paganas; no les importaba ser bien acogidos, ellos eran buenos sembradores y dejaban caer la semilla; lo demás lo haría el Señor. En poco tiempo el mundo conoció que Jesucristo era el Redentor , el Mesías, el Hijo de Dios.La Buena Nueva se predica a todos los hombres que la quieran oír. Hoy recordamos en la Misa a los que se habían dispersado en la persecución provocada por la muerte de Esteban; llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía y, fueron tantas las conversiones, que, en esta ciudad, por primera vez llamaron cristianos a los discípulos del Señor. Unos años más tarde encontramos seguidores de Cristo en Roma y en todo el Imperio.En los comienzos, la fe cristiana arraigó en la gente sencilla, pero también entre los primeros cristianos había personas cultas, sabias e importantes como algún ministro etíope, centuriones, hombres como Apolo y Dionisio Areopagita; y mujeres como Lídia. Algunos de estos personajes importantes, convertidos por los más sencillos. Dios no entiende de acepción de personas y utiliza instrumentos ignorantes para la expansión de la Iglesia.No hay más que una Iglesia de Jesucristo. Esto nos enseñaba San Juan Pablo II en su Catequesis por España; decía: La Iglesia es como un gran árbol en el que estamos todos injertados. Es una unidad profunda, vital; es un Don de Dios. No es una unidad exterior y superficial: es un misterio y un DonLa Comunidad se construye en torno a nuestro Párroco que ha sido constituido nuestro pastor inmediato por el Obispo, y, todos nos manifestamos unidos al Papa, sucesor de Pedro.. Los primeros cristianos, participaban y expresaban y transmitían una sola Doctrina, con la misma alma, con el mismo corazón y con la misma voz. Ellos llegaron a afrontar persecuciones y hasta el martirio para defender esa unidad.A esta unidad no se opone la pluralidad. Por eso, la Iglesia puede ser católica y universal y ser una y la misma en cualquier tiempo y lugar. La Iglesia tiene la enorme capacidad de reunir a los hombres más diversos, respetando sus características con tal de que sean positivas.Los Apóstoles y sus sucesores tuvieron que sufrir mucho por los errores y divisiones provocados por gentes de buena fe que hablaban de paz y hacían la guerra o “se tragaban el camello y colaban el mosquito” Pero los primeros cristianos no tenían nada que temer porque tenían mucha fe y obedecían los mandatos del Romano Pontífice y, sobre todo, estaban unidos a Cristo. Los primeros cristianos amaban la Sagrada Eucaristía que es signo de unidad y vínculo de amor. Ellos, como Cuerpo de Cristo, como Iglesia, se ofrecían en el sacramento del pan y del vino..Los primeros cristianos, rezaban los unos por los otros. El que tenía bienes materiales los compartía con quién carecía de ellos y se animaban a perseverar en la fe de Cristo. Con mucho amor y respeto a los hermanos, se abrieron paso en aquel mundo pagano y corrompido..También nosotros por amor a nuestra Iglesia, pondremos todos los medios para no dañar la unidad de los cristianos. -
Después de haberse aparecido a María Magdalena, a las demás mujeres, a Pedro y a los discípulos de Emaús en la tarde de la Pascua, Jesús se aparece a los Once y a los que estaban reunidos con ellos en Jerusalén. Ya todos creen en la Resurrección y están hablando de ella: “El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón”. También han escuchado el relato de los de Emaús. Pero cuando Jesús en “Persona” se aparece en medio de ellos se quedan petrificados y llenos de miedo…Las puertas estaban cerradas por miedo a los judíos y se preguntaban ¿será Jesús?, ¿será un fantasma? El propio Jesús les ayuda a tener fe y a darse cuenta de la realidad:: Ved mis manos y mis pies, que yo soy. Palpadme y ved que soy yo; ved que el espíritu no tiene carne ni huesos como tengo yo; tocad; lo que se palpa no puede ser imaginario. Era tanta la alegría de ver de nuevo vivo al Maestro que no se atreven a creerse a sí mismos. Y el Señor; poniéndose a su nivel, dice: ¿Tenéis aquí algo de comer?. Y tomó con ellos un poco de pez, lo comió “delante de ellos”. Por su estado glorioso no tenía ninguna necesidad física, pero tomó el alimento para demostrar a los suyos la realidad concreta de su Persona. Lo ven allí, en medio de ellos, con su cuerpo glorificado, y aunque éste tiene unas propiedades especiales como el aparecer y el desaparecer de repente, sin embargo es un verdadero cuerpo, como lo atestiguan las heridas de los clavos en las manos y en los pies.El Señor Resucitado, en sus apariciones, se adapta al ánimo de aquellos a los que se aparece. No trata a todos de la misma manera.; pero a todos los conduce a la certeza de su Resurrección. Porque la Resurrección es la clave de todo el cristianismo y por eso el Resucitado quiere dar todas las garantías para que la fe de los creyentes se apoye en algo sólido. ¡ALELUYA, EL SEÑOR EN VERDAD HA RESUCITADO!1
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Redimir significa liberar por medio de un rescate. Redimir a un cautivo era pagar un rescate por él para devolverle su libertad.Jesucristo dijo que “quién comete pecado es un esclavo del pecado”. Nosotros, después del pecado original, éramos esclavos del pecado y del demonio, y, de ningún modo, hubiéramos podido alcanzar el Cielo. Jesucristo perfecto Dios y perfecto Hombre pagó nuestro rescate con su Sangre, derramada en la Cruz. Pagó toda la deuda contraída por Adán y pagó toda la deuda de todos los pecados personales cometidos por los hombres, además, pagó toda la deuda de los pecados que los hombres habían de cometer hasta el fin de los tiempos. Jesucristo es nuestro Redentor. El que nos ha ganado la libertad de hijos de Dios.Jesucristo al liberarnos del pecado, sanó la raíz de todos nuestros males y, de esta manera hizo posible la liberación integral del hombre. Con Cristo, nuestro corazón no tiembla. Él hace que nos sintamos verdaderamente libres y fuertes ante el mal. Realmente, sólo existe un mal verdadero al que tenemos que temer y rechazar con la gracia de Dios: el pecado; porque es la esclavitud más humillante, es la única desgracia para toda la Humanidad y para cada hombre en concretoOtros males que afectan al hombre sólo se pueden mejorar en esta vida, incluso se pueden vencer parcialmente; y, totalmente en la otra, a partir de la liberación del pecado. Más aún, los males físicos, el dolor, la enfermedad, el cansancio, si se llevan por Cristo, se convierten en verdaderos tesoros para el hombre. Jesús nos lo dijo con estas palabras:”Yo, os voy a decir cuales son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdiciéis: hambre, sed, calor, frío,dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel…”Por eso hoy debemos examinarnos, ¿consideramos el dolor, físico o moral, como un valioso tesoro que nos une a Cristo?. ¿Hemos aprendido a santificarlo o, por el contrario, nos quejamos? ¿Sabemos ofrecer a Dios con amor filial las pequeñas mortificaciones que surgen n a lo largo del día?El precio que pagó Cristo por nuestro rescate fue su propia vida.. Así nos mostró la gravedad del pecado y el precio de nuestra salvación eterna. También, quiso el Señor llegar tan lejos para demostrarnos su amor, pues nadie tiene mayor amor que “el que da la vida por sus amigos”, porque la vida es lo más que puede dar el hombre. Esto hizo Cristo por nosotros. Quiso dar su Vida como rescate para salvarnos. Cada uno de nosotros puede decir::”El Hijo de Dios me amó y se entregó por mí”.¿Cómo aprecio la vida de la gracia que me consiguió Cristo en la Cruz? Pongo los medios necesarios para aumentarla: sacramentos, oración, buenas obras? ¿Evito las ocasiones de pecar?¿Lucho contra la sensualidad, la pereza, la soberbia...? “Os aseguro que quién comete pecado, es esclavo del pecado”La Cuaresma nos invita a estar con Jesús, que nos recuerda que la Redención se sigue haciendo día a día. Cada vez que se celebra en el altar el sacrificio de la Cruz, por el que se inmoló Cristo, nuestra Pascua, se realiza la obra de nuestra redención A Cristo no lo podemos amar con amor menguado, lo tenemos que llevar grabado en el corazón.
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MARÍA, MADRE DE TODOS
MARÍA, REINA Y SEÑORA DE TODO LO CREADOJesús que ha creado el cielo y la tierra con todo lo que contienen, y el mar con todo lo que guarda, la ha colocado por encima de todas las cosas. La Reina del Cielo está siempre en la presencia del Trono del Altísimo. La grandeza de su Nombre no es menor que la altura del Cielo sobre la tierra. El mundo entero debe arrodillarse ante Ella, que lleva el Nombre Sagrado: MADRE DE DIOS.Es una Obra Maestra de Dios, ¡Oh sublime Obra Maestra de Jahvé! ¡Esposa del Espíritu Santo! ¡Radiante Tabernáculo del Hijo de Dios vivo! ¡Su Corazón, bienamado de la Bienamada (Trinidad), es Uno con el Suyo! Su Corazón adorable, es el Trono del Hijo en el que ha sido honrado.¿Cómo puede nadie ofender a la Madre de Dios, revestida de virtudes, que siempre está en la Presencia del Altísimo y que , a la vez, está siempre cerca de los que la invocan?.Cristo, el Señor de todo, ha colocado a su Madre en su Sagrado Corazón y la ha nombrado Reina de Cielos y Tierra .El Espíritu Santo con el Padre y el Hijo, dijo: María, Llena de gracia, Nosotros estamos Contigo.. Y, Cristo desde la Cruz, nos la dejó como Madre y desde entonces nos protege como las madres protegen a sus hijos. Ella, deja paralizados de espanto a los demonios y nos invita a desprendernos de las normas de este mundo y buscar a Jesús para que nos conduzca al Cielo.0
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“De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto…Entonces Jesús le respondió: ¡Apártate, Satanás..! Lo leímos en el Evangelio de la Misa del primer Domingo de Cuaresma.El Demonio existe. La Biblia habla de él desde el Génesis al Apocalipsis. Hay quien piensa que el mal que existe es una imperfección del mundo, sin embargo, la historia de los hombres continuamente ha estado marcada por la influencia del diablo. Hay rasgos presentes en nuestros días de tal envergadura, de tal malicia, que no se explican sin el concurso del maligno. El Demonio, de muchas formas causa estragos en la Humanidad. A lo largo de la Historia, el hombre libró duras batallas contra el poder del mal que se inició en los orígenes del mundo y durará, como dijo el Señor, hasta el último día, es decir, hasta la segunda venida de Jesús. Su actuación es misteriosa, real y eficaz. Desde los primeros siglos, los hombres conocieron su actividad diabólica. Jesucristo nos ha liberado del poder de Satanás. Por su Obra redentora, el Demonio sólo puede hacer daño a quienes se acerquen a él voluntariamente, haciendo el mal y alejándose de Dios. Jesús nos protege y no permite que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas. El diablo tentará al hombre de mil maneras para conseguir que viole los preceptos divinos , oscurecerá poco a poco el corazón y la mente de aquellas almas más comprometidas para que le sirvan a él como si fuera el verdadero Dios. El Señor nos ha dado los medios para vencer en todas las tentaciones. Nadie tiene necesidad de pecar. No dejemos de reflexionar en estos días cuaresmales el significado de todo esto. Además, Dios, nos ha puesto un Ángel Custodio para que nos proteja. En caso de ser tentados, acudimos a nuestro ángel que nos librará de las asechanzas diabólicas y nos ayudará con santas inspiraciones.El Demonio es un ser personal, real y concreto, de naturaleza espiritual e invisible, que por su pecado se apartó de Dios para siempre, creado por Dios naturalmente bueno, pero por sí mismo se volvió malo. Es el padre de la mentira, del pecado, de la discordia, de la desgracia, del odio,, de lo absurdo y malo que hay en la tierra. Es la serpiente que trae la muerte al mundo, el enemigo que siembra el mal en el corazón del hombre, y es al único que tenemos que temer si no estamos cerca de Dios; porque su único fin en el mundo, al que todavía no ha renunciado, es nuestra perdición.El Demonio no puede forzar nuestra libertad para inclinarla hacia el mal, no puede seducir a nadie, sólo al que le preste el consentimiento de su voluntad. El Demonio sólo puede ofrecer bienes falsos que se convierten en soledad y amargura.. Fuera de Dios no puede haber felicidad, sólo oscuridad, vacío y la mayor de todas las tristezas. El poder del Demonio es limitado; también él está bajo el dominio y la soberanía de Dios, que es el único Señor del Universo. Cristo es el verdadero vencedor del DemonioEl Señor nos ha dejado muchos medios para derrotar al enemigo: Oración, mortificación, frecuente recepción de la sagrada Eucaristía, la Confesión frecuente, el amor a la Virgen y a los hermanos. La Virgen nos protege como Madre; con Ella estamos siempre seguros. Y, el uso del agua bendita es una protección segura contra el influjo del diablo.Tenemos que reconocer que somos pecadores, que necesitamos purificarnos; pero podemos llenarnos de aliento porque la gracia del Señor no nos faltará.
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La Iglesia primitiva está convencida de que al fin del mundo, los muertos resucitarán y serán juzgados por Dios. Con el Juicio Universal de la Humanidad, Dios liberará a su Creación de las desgracias que Satanás, el pecado y la muerte han introducido en el mundo.Según el Nuevo Testamento, con la instauración definitiva del Reino de Dios en la Parusía, el Cristo resucitado destruirá todo principado y todo dominio y poder; y el último enemigo destituido será la muerte,( 1Cor 15,26)Con el Juicio Final, en toda la Creación reinarán la bondad, la plenitud de vida y de amor de Dios para el hombre y ello determinará el destino de todos los justos. La desventura que comenzara con la desobediencia del hombre será definitivamente vencida:” Porque así como por Adán todos murieron, así por Cristo volverán a la vida. Cada uno en el lugar que le corresponde: Cristo el primero, después , todos los que serán de Cristo, a la hora de su segunda venida, que ya lo estarán esperando. El Fin será cuando Jesús le entregue el Reino al Padre,(1 Cor,15,22-24).La salvación en Cristo tiene una dimensión histórica. A la historia de muerte desde Adán, corresponde una historia de vida, que comienza con Cristo. Todos estamos incluidos en esta historia, pero la historia de muerte no está acabada todavía Sólo Cristo ha resucitado entre todos los que han muerto, como inicio de una nueva Humanidad. Para nosotros este proceso tendrá lugar en el futuro. Pablo habla de un futuro próximo e inminente en el que se espera la Parusía de Jesús y con ella la resurrección de los que pertenecen a Cristo; después vendrá, como una fase intermedia, el Reino del Hijo, porque todos los poderes se van a someter a Él, incluso la misma muerte, como último poder; sólo entonces, estaremos ante la Realeza y la Soberanía de Dios, cuando Jesús le entregue su Reino al Padre y Dios sea todo en todos. Sólo entonces nuestra Historia habrá alcanzado su plenitud1
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Eres polvo y al polvo volverás”(Gen 3,19) Estas son las palabras que le dirigió Jahvé a Adán después que éste hubiera desobedecido; estas mismas palabras las repite hoy la Iglesia a todos los cristianos para recordarnos tres verdades fundamentales: no somos nada, somos pecadores y tenemos que morir.La ceniza colocada sobre la cabeza de los fieles, expresa muy bien que el hombre es nada. Cómo debe hacerse añicos el orgullo del hombre ante una verdad semejante. Porque, además el hombre que por sí mismo no sólo es nada sino que es pecador; precisamente el que se sirve de los dones recibidos de Dios para ofenderle. La Iglesia hoy invita a todos sus hijos para inclinar la cabeza para recibir la ceniza en señal de humildad pidiendo perdón por los pecados, al tiempo que les recuerda que en pena de sus culpas, un día volverán a ser polvo.El pecado y la muerte son los frutos amargos e inseparables de la rebeldía del hombre ante Dios, su Señor. “Dios no creó la muerte” ,entró en el mundo por la desobediencia de Adán y es su tristísimo salario( Rm,6,23). El Hombre, creado por Dios para la vida, la alegría y la santidad, lleva en sí mismo un germen de vida eterna y por eso sufre tanto por ese pecado y por esa muerte que amenazan impedirle la consecución de su fin y por lo tanto, la plena realización de sí mismo.La Iglesia no quiere atormentarnos con estas reflexiones, quiere abrir nuestros corazones al arrepentimiento y a la esperanza; porque si la desobediencia de Adán introdujo el pecado y la muerte en el mundo, la obediencia de Cristo ha traído el remedio y la salvación. . El pecado y la muerte son vencidos por Cristo que transforma la muerte física en un paso a la VIDA , a la comunión beatífica y eterna con Dios.La Cuaresma es un tiempo propicio para la conversión. El elemento esencial de la conversión es en verdad la contricción del corazón: sentir el corazón roto por el arrepentimiento de los pecados, un arrepentimiento sincero que lleva consigo un gran deseo de cambiar de vida. Todo hombre , aún el más virtuoso, tiene la necesidad de volver al Señor con más fervor dominando aquellas debilidades que pueden ser un obstáculo y que pueden interponerse y disminuir nuestra orientación total hacia Él..En este Año de la Misericordia debemos acercarnos al Señor no sólo, si por desgracia estamos en pecado mortal, sino para expresarle nuestra tristeza por nuestra falta de generosidad y de fidelidad a la gracia y por todo lo pueda impedir nuestra amistad íntima y filial con Dios nuestro Padre y Creador, todo cuanto enfría nuestra relaciones con Él es un rechazo de su amor que nos exige arrepentimiento, conversión y reconciliación.El Señor ama a sus criaturas, no odia nada de lo que ha creado, a todos nos perdona porque somos suyos; encuentra agrado en el humilde que se arrepiente y llora sus pecados…
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Como si fuera un eco del Jueves Santo, hoy celebramos la fiesta del Sacramento más grande instituido por Jesús: la Eucaristía. De la misma manera que con cinco panes y dos peces dio de comer a cinco mil hombres, por la Eucaristía se actualiza en cada uno de nosotros el único sacrificio de la Cruz cuando se entregó por todos, de una vez y para siempre. Su Cuerpo clavado en la Cruz y su Sangre derramada por nosotros han vencido, por la Resurrección, al pecado y a la muerte y ahora se nos ofrecen como alimento de salvación.Por nuestra criaturidad nosotros no podemos adorar a Jesús como Él lo merece. Nosotros expondremos la Sagrada Forma en la custodia más bella… confeccionaremos con mucho amor las alfombras que pisará la procesión ; pero,¡qué pena si pasamos por alto nuestra disponibilidad interior! Él nos conoce, conoce nuestras limitaciones y por eso nos ayudará á configurarnos a Él. Cuando vamos a recibirle en la Eucaristía, si se lo pedimos, se hará carne de nuestra carne y, poco a poco nos irá transformando y nos ayudará a impregnarnos de su propio estilo de vida, nos envolverá en AMOR para que nosotros lo ejercitemos con los más necesitados.0
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Se han acabado los tiempos fuertes del año litúrgico y hoy empezamos a contemplar a Dios que se nos ha revelado por medio de Jesús, un Hombre verdadero. En el Antiguo Testamento no se conocía el Misterio de la Santísima Trinidad. Apenas unas alusiones a la Sabiduría, atributo divino que lo presentaban como una persona,( Pr,8,22-31).¡Impresionante..! 1ªLectura: "El Señor me poseyó al principio de sus tareas, al principio de sus obras antiquísimas...Antes de los abismos fui ENGENDRADA...Cuando asentaba los cimientos de la tierra, Yo, estaba junto a Él, como arquitecto.Es, pues, una Persona coexistente con Dios desde la eternidad, engendrada por Él y que tiene junto a Él una misión colaboradora en la Obra de la Creación.Hoy,la liturgia se eleva para explicar al Pueblo de Dios aquella personificación de la Sabiduría increada, el Verbo eterno, segunda Persona de la Trinidad. De la que San Juan escrbió:"En el principio la Palabra existía, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios...Todo se hizo por Ella".(Jn 1, 1-3). Pero las expresiones que más impresionan son aquellas en que la Sabiduría dice que goza por la creación de los hombres y que tiene sus delicias en ellos. Este Dios es un Dios personal, no unas energías con quién podemos sintonizar como sintonizamos la radio...¡Nooo!, Dios nos mira, nos escucha, nos reprende con mimo y nos va llevando hacia la Casa. Es un Dios Padre y Madre, nuestro fundamento y origen, sostén de todos los seres; no sólo nos ha dado la vida sino que ahora nos cuida para que existamos. Es un Dios Palabra, un Tú con el que nos podemos comunicar. Es un Dios Espíritu, una corriente de amor eterno que fluye entre el Padre y el Hijo y que se derrama también sobre nosotros para que podamos participar según nuestras capacidades, en su gozo infinito.0
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Para ordenar nuestra vida, el Señor nos regala los días y las noches. El hombre sale cada mañana a trabajar hasta el anochecer y, cuando llega la noche, el Señor nos ordena que dejemos cualquier tipo de trabajo que estuviéramos realizando porque quiere que vayamos a descansar: nosotros nos resistimos, hubiéramos querido continuar “trabajando”, pero Dios extiende un gran manto negro sobre nuestra vida y la oscuridad nos envuelve y comprendemos que se ha terminado la jornada, que sólo queda obedecer, pedirle perdón por las cosas que pudimos hacer mal y darle gracias por todos los bienes recibidos. Cuando la oscuridad se cierra a nuestro alrededor, vivimos un ensayo de la muerte; y el alma y el cuerpo se dan las buenas noches… Llega la mañana y con ella nuestro re-nacimiento. Todos los días comienzan con un nacimiento y acaban con una muerte, cada día es una vida en miniatura. Al final, nuestra vida habrá sido santa y agradable a Dios si nos hemos comprometido y hemos procurado que cada jornada fuera grata a Dios desde que nace el sol hasta su ocaso y, también las noches, porque de la misma manera se las hemos ofrecidoa Dios.El Señor nos dice cada mañana: “ Hijito, pórtate bien hoy; no te acuerdes de ayer, que ya pasó; y, no te preocupes tampoco de mañana, porque aún está en mis manos y no sabes si llegará para ti…" El día de ayer ha desaparecido para siempre con todas sus posibilidades y con todos sus peligros. De él ya sólo nos han quedado motivos de contrición por las cosas que no hicimos bien y motivos de gratitud por los dones que hemos recibido de Dios.El día de hoy lo vamos a comenzar ofreciéndoselo a Dios; no se puede empezar un día de cualquier modo. El ofrecimiento de obras por la mañana, nos dispone para escuchar las innumerables inspiraciones y mociones del Espíritu Santo que ya no se repetirán nunca más. En cada jornada nos habla Dios. De buena mañana, le decimos cuánto lo amamos; que queremos servirle y vivir en su Presencia y que queremos ofrecerle nuestro amor filial, que estamos decididos a afrontar la vida con esperanza , pero si por desgracia nos portamos mal, como hijos, estamos dispuestos, a superar nuestra falta con un acto de amor sincero.. Nuestras oraciones se las ofrecemos a través de su Madre que también es Madre nuestraSan Pablo exhortaba a los primeros cristianos a ofrecer todo su día a Dios. Les decía a los de Corinto:”Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis alguna otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios”. Muchos cristianos tienen el hábito adquirido de dirigir su primer pensamiento a Dios; si se despiertan durante la noche, también saludan al Señor y, al levantarse le ofrecen el “minuto heroico”, una verdadera mortificación que fortalece la voluntad del cristiano y le ayuda para el resto de la jornada. No hay unas fórmulas concretas;cada uno hace el ofrecimiento de obras y la consagración personal diaria a Nuestra Señora: “¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco del todo a Vos, y en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro, ¡oh Madre de bondad! Guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra. Amén.” Seguimos con el "Bendita sea tu pureza "a la Virgen y con la oración al Ángel de la Guarda; después recordamos los propósitos de enmiendo que hicimos al ir a dormir y ahora los renovamos y le pedimos a nuestro Abba la gracia para cumplirlos: “Señor, Dios Todopoderoso, que nos has permitido llegar al comienzo de este día: sálvanos hoy con tu poder, para que no caigamos en ningún pecado; que nuestras palabras, obras y sufrimientos, sigan el camino de tus mandatos." AMÉN.Pensemos que un día será el último y también se lo habremos ofrecido a Dios, nuestro Padre y, si hemos sido fieles, si le hemos ofrecido continuamente a Dios nuestra vida, Jesús se pondrá contento y nos dirá como al buen ladrón: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.
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Nuestro Señor funda su Iglesia sobre la debilidad, pero también sobre la fidelidad de unos hombres sencillos, los Apóstoles, a los que promete la asistencia constante del Espíritu Santo. Los Apóstoles, sin esta ayuda, no hubieran podido hacer nada: eran pobres, incultos y Jesús les confió una tarea divina, inmensa , que, en sus comienzos apostólicos, parecía abocada al fracaso; pero los Apóstoles eran hombres de fe y fueron fieles y predicaron por todo el mundo aquella Doctrina que se oponía a muchas costumbres paganas; no les importaba ser bien acogidos, ellos eran buenos sembradores y dejaban caer la semilla; lo demás lo haría el Señor. En poco tiempo el mundo conoció que Jesucristo era el Redentor , el Mesías, el Hijo de Dios.La Buena Nueva se predica a todos los hombres que la quieran oír. Hoy recordamos en la Misa a los que se habían dispersado en la persecución provocada por la muerte de Esteban; llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía y, fueron tantas las conversiones, que, en esta ciudad, por primera vez llamaron cristianos a los discípulos del Señor. Unos años más tarde encontramos seguidores de Cristo en Roma y en todo el Imperio.En los comienzos, la fe cristiana arraigó en la gente sencilla, pero también entre los primeros cristianos había personas cultas, sabias e importantes como algún ministro etíope, centuriones, hombres como Apolo y Dionisio Areopagita; y mujeres como Lídia. Algunos de estos personajes importantes, convertidos por los más sencillos. Dios no entiende de acepción de personas y utiliza instrumentos ignorantes para la expansión de la Iglesia.No hay más que una Iglesia de Jesucristo. Esto nos enseñaba San Juan Pablo II en su Catequesis por España; decía: La Iglesia es como un gran árbol en el que estamos todos injertados. Es una unidad profunda, vital; es un Don de Dios. No es una unidad exterior y superficial: es un misterio y un DonLa Comunidad se construye en torno a nuestro Párroco que ha sido constituido nuestro pastor inmediato por el Obispo, y, todos nos manifestamos unidos al Papa, sucesor de Pedro.. Los primeros cristianos, participaban y expresaban y transmitían una sola Doctrina, con la misma alma, con el mismo corazón y con la misma voz. Ellos llegaron a afrontar persecuciones y hasta el martirio para defender esa unidad.A esta unidad no se opone la pluralidad. Por eso, la Iglesia puede ser católica y universal y ser una y la misma en cualquier tiempo y lugar. La Iglesia tiene la enorme capacidad de reunir a los hombres más diversos, respetando sus características con tal de que sean positivas.Los Apóstoles y sus sucesores tuvieron que sufrir mucho por los errores y divisiones provocados por gentes de buena fe que hablaban de paz y hacían la guerra o “se tragaban el camello y colaban el mosquito” Pero los primeros cristianos no tenían nada que temer porque tenían mucha fe y obedecían los mandatos del Romano Pontífice y, sobre todo, estaban unidos a Cristo. Los primeros cristianos amaban la Sagrada Eucaristía que es signo de unidad y vínculo de amor. Ellos, como Cuerpo de Cristo, como Iglesia, se ofrecían en el sacramento del pan y del vino..Los primeros cristianos, rezaban los unos por los otros. El que tenía bienes materiales los compartía con quién carecía de ellos y se animaban a perseverar en la fe de Cristo. Con mucho amor y respeto a los hermanos, se abrieron paso en aquel mundo pagano y corrompido..También nosotros por amor a nuestra Iglesia, pondremos todos los medios para no dañar la unidad de los cristianos.0
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Después de haberse aparecido a María Magdalena, a las demás mujeres, a Pedro y a los discípulos de Emaús en la tarde de la Pascua, Jesús se aparece a los Once y a los que estaban reunidos con ellos en Jerusalén. Ya todos creen en la Resurrección y están hablando de ella: “El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón”. También han escuchado el relato de los de Emaús. Pero cuando Jesús en “Persona” se aparece en medio de ellos se quedan petrificados y llenos de miedo…Las puertas estaban cerradas por miedo a los judíos y se preguntaban ¿será Jesús?, ¿será un fantasma? El propio Jesús les ayuda a tener fe y a darse cuenta de la realidad:: Ved mis manos y mis pies, que yo soy. Palpadme y ved que soy yo; ved que el espíritu no tiene carne ni huesos como tengo yo; tocad; lo que se palpa no puede ser imaginario. Era tanta la alegría de ver de nuevo vivo al Maestro que no se atreven a creerse a sí mismos. Y el Señor; poniéndose a su nivel, dice: ¿Tenéis aquí algo de comer?. Y tomó con ellos un poco de pez, lo comió “delante de ellos”. Por su estado glorioso no tenía ninguna necesidad física, pero tomó el alimento para demostrar a los suyos la realidad concreta de su Persona. Lo ven allí, en medio de ellos, con su cuerpo glorificado, y aunque éste tiene unas propiedades especiales como el aparecer y el desaparecer de repente, sin embargo es un verdadero cuerpo, como lo atestiguan las heridas de los clavos en las manos y en los pies.El Señor Resucitado, en sus apariciones, se adapta al ánimo de aquellos a los que se aparece. No trata a todos de la misma manera.; pero a todos los conduce a la certeza de su Resurrección. Porque la Resurrección es la clave de todo el cristianismo y por eso el Resucitado quiere dar todas las garantías para que la fe de los creyentes se apoye en algo sólido. ¡ALELUYA, EL SEÑOR EN VERDAD HA RESUCITADO!1
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Redimir significa liberar por medio de un rescate. Redimir a un cautivo era pagar un rescate por él para devolverle su libertad.Jesucristo dijo que “quién comete pecado es un esclavo del pecado”. Nosotros, después del pecado original, éramos esclavos del pecado y del demonio, y, de ningún modo, hubiéramos podido alcanzar el Cielo. Jesucristo perfecto Dios y perfecto Hombre pagó nuestro rescate con su Sangre, derramada en la Cruz. Pagó toda la deuda contraída por Adán y pagó toda la deuda de todos los pecados personales cometidos por los hombres, además, pagó toda la deuda de los pecados que los hombres habían de cometer hasta el fin de los tiempos. Jesucristo es nuestro Redentor. El que nos ha ganado la libertad de hijos de Dios.Jesucristo al liberarnos del pecado, sanó la raíz de todos nuestros males y, de esta manera hizo posible la liberación integral del hombre. Con Cristo, nuestro corazón no tiembla. Él hace que nos sintamos verdaderamente libres y fuertes ante el mal. Realmente, sólo existe un mal verdadero al que tenemos que temer y rechazar con la gracia de Dios: el pecado; porque es la esclavitud más humillante, es la única desgracia para toda la Humanidad y para cada hombre en concretoOtros males que afectan al hombre sólo se pueden mejorar en esta vida, incluso se pueden vencer parcialmente; y, totalmente en la otra, a partir de la liberación del pecado. Más aún, los males físicos, el dolor, la enfermedad, el cansancio, si se llevan por Cristo, se convierten en verdaderos tesoros para el hombre. Jesús nos lo dijo con estas palabras:”Yo, os voy a decir cuales son los tesoros del hombre en la tierra para que no los desperdiciéis: hambre, sed, calor, frío,dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel…”Por eso hoy debemos examinarnos, ¿consideramos el dolor, físico o moral, como un valioso tesoro que nos une a Cristo?. ¿Hemos aprendido a santificarlo o, por el contrario, nos quejamos? ¿Sabemos ofrecer a Dios con amor filial las pequeñas mortificaciones que surgen n a lo largo del día?El precio que pagó Cristo por nuestro rescate fue su propia vida.. Así nos mostró la gravedad del pecado y el precio de nuestra salvación eterna. También, quiso el Señor llegar tan lejos para demostrarnos su amor, pues nadie tiene mayor amor que “el que da la vida por sus amigos”, porque la vida es lo más que puede dar el hombre. Esto hizo Cristo por nosotros. Quiso dar su Vida como rescate para salvarnos. Cada uno de nosotros puede decir::”El Hijo de Dios me amó y se entregó por mí”.¿Cómo aprecio la vida de la gracia que me consiguió Cristo en la Cruz? Pongo los medios necesarios para aumentarla: sacramentos, oración, buenas obras? ¿Evito las ocasiones de pecar?¿Lucho contra la sensualidad, la pereza, la soberbia...? “Os aseguro que quién comete pecado, es esclavo del pecado”La Cuaresma nos invita a estar con Jesús, que nos recuerda que la Redención se sigue haciendo día a día. Cada vez que se celebra en el altar el sacrificio de la Cruz, por el que se inmoló Cristo, nuestra Pascua, se realiza la obra de nuestra redención A Cristo no lo podemos amar con amor menguado, lo tenemos que llevar grabado en el corazón.
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MARÍA, MADRE DE TODOS
MARÍA, REINA Y SEÑORA DE TODO LO CREADOJesús que ha creado el cielo y la tierra con todo lo que contienen, y el mar con todo lo que guarda, la ha colocado por encima de todas las cosas. La Reina del Cielo está siempre en la presencia del Trono del Altísimo. La grandeza de su Nombre no es menor que la altura del Cielo sobre la tierra. El mundo entero debe arrodillarse ante Ella, que lleva el Nombre Sagrado: MADRE DE DIOS.Es una Obra Maestra de Dios, ¡Oh sublime Obra Maestra de Jahvé! ¡Esposa del Espíritu Santo! ¡Radiante Tabernáculo del Hijo de Dios vivo! ¡Su Corazón, bienamado de la Bienamada (Trinidad), es Uno con el Suyo! Su Corazón adorable, es el Trono del Hijo en el que ha sido honrado.¿Cómo puede nadie ofender a la Madre de Dios, revestida de virtudes, que siempre está en la Presencia del Altísimo y que , a la vez, está siempre cerca de los que la invocan?.Cristo, el Señor de todo, ha colocado a su Madre en su Sagrado Corazón y la ha nombrado Reina de Cielos y Tierra .El Espíritu Santo con el Padre y el Hijo, dijo: María, Llena de gracia, Nosotros estamos Contigo.. Y, Cristo desde la Cruz, nos la dejó como Madre y desde entonces nos protege como las madres protegen a sus hijos. Ella, deja paralizados de espanto a los demonios y nos invita a desprendernos de las normas de este mundo y buscar a Jesús para que nos conduzca al Cielo.0
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“De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto…Entonces Jesús le respondió: ¡Apártate, Satanás..! Lo leímos en el Evangelio de la Misa del primer Domingo de Cuaresma.El Demonio existe. La Biblia habla de él desde el Génesis al Apocalipsis. Hay quien piensa que el mal que existe es una imperfección del mundo, sin embargo, la historia de los hombres continuamente ha estado marcada por la influencia del diablo. Hay rasgos presentes en nuestros días de tal envergadura, de tal malicia, que no se explican sin el concurso del maligno. El Demonio, de muchas formas causa estragos en la Humanidad. A lo largo de la Historia, el hombre libró duras batallas contra el poder del mal que se inició en los orígenes del mundo y durará, como dijo el Señor, hasta el último día, es decir, hasta la segunda venida de Jesús. Su actuación es misteriosa, real y eficaz. Desde los primeros siglos, los hombres conocieron su actividad diabólica. Jesucristo nos ha liberado del poder de Satanás. Por su Obra redentora, el Demonio sólo puede hacer daño a quienes se acerquen a él voluntariamente, haciendo el mal y alejándose de Dios. Jesús nos protege y no permite que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas. El diablo tentará al hombre de mil maneras para conseguir que viole los preceptos divinos , oscurecerá poco a poco el corazón y la mente de aquellas almas más comprometidas para que le sirvan a él como si fuera el verdadero Dios. El Señor nos ha dado los medios para vencer en todas las tentaciones. Nadie tiene necesidad de pecar. No dejemos de reflexionar en estos días cuaresmales el significado de todo esto. Además, Dios, nos ha puesto un Ángel Custodio para que nos proteja. En caso de ser tentados, acudimos a nuestro ángel que nos librará de las asechanzas diabólicas y nos ayudará con santas inspiraciones.El Demonio es un ser personal, real y concreto, de naturaleza espiritual e invisible, que por su pecado se apartó de Dios para siempre, creado por Dios naturalmente bueno, pero por sí mismo se volvió malo. Es el padre de la mentira, del pecado, de la discordia, de la desgracia, del odio,, de lo absurdo y malo que hay en la tierra. Es la serpiente que trae la muerte al mundo, el enemigo que siembra el mal en el corazón del hombre, y es al único que tenemos que temer si no estamos cerca de Dios; porque su único fin en el mundo, al que todavía no ha renunciado, es nuestra perdición.El Demonio no puede forzar nuestra libertad para inclinarla hacia el mal, no puede seducir a nadie, sólo al que le preste el consentimiento de su voluntad. El Demonio sólo puede ofrecer bienes falsos que se convierten en soledad y amargura.. Fuera de Dios no puede haber felicidad, sólo oscuridad, vacío y la mayor de todas las tristezas. El poder del Demonio es limitado; también él está bajo el dominio y la soberanía de Dios, que es el único Señor del Universo. Cristo es el verdadero vencedor del DemonioEl Señor nos ha dejado muchos medios para derrotar al enemigo: Oración, mortificación, frecuente recepción de la sagrada Eucaristía, la Confesión frecuente, el amor a la Virgen y a los hermanos. La Virgen nos protege como Madre; con Ella estamos siempre seguros. Y, el uso del agua bendita es una protección segura contra el influjo del diablo.Tenemos que reconocer que somos pecadores, que necesitamos purificarnos; pero podemos llenarnos de aliento porque la gracia del Señor no nos faltará.
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La Iglesia primitiva está convencida de que al fin del mundo, los muertos resucitarán y serán juzgados por Dios. Con el Juicio Universal de la Humanidad, Dios liberará a su Creación de las desgracias que Satanás, el pecado y la muerte han introducido en el mundo.Según el Nuevo Testamento, con la instauración definitiva del Reino de Dios en la Parusía, el Cristo resucitado destruirá todo principado y todo dominio y poder; y el último enemigo destituido será la muerte,( 1Cor 15,26)Con el Juicio Final, en toda la Creación reinarán la bondad, la plenitud de vida y de amor de Dios para el hombre y ello determinará el destino de todos los justos. La desventura que comenzara con la desobediencia del hombre será definitivamente vencida:” Porque así como por Adán todos murieron, así por Cristo volverán a la vida. Cada uno en el lugar que le corresponde: Cristo el primero, después , todos los que serán de Cristo, a la hora de su segunda venida, que ya lo estarán esperando. El Fin será cuando Jesús le entregue el Reino al Padre,(1 Cor,15,22-24).La salvación en Cristo tiene una dimensión histórica. A la historia de muerte desde Adán, corresponde una historia de vida, que comienza con Cristo. Todos estamos incluidos en esta historia, pero la historia de muerte no está acabada todavía Sólo Cristo ha resucitado entre todos los que han muerto, como inicio de una nueva Humanidad. Para nosotros este proceso tendrá lugar en el futuro. Pablo habla de un futuro próximo e inminente en el que se espera la Parusía de Jesús y con ella la resurrección de los que pertenecen a Cristo; después vendrá, como una fase intermedia, el Reino del Hijo, porque todos los poderes se van a someter a Él, incluso la misma muerte, como último poder; sólo entonces, estaremos ante la Realeza y la Soberanía de Dios, cuando Jesús le entregue su Reino al Padre y Dios sea todo en todos. Sólo entonces nuestra Historia habrá alcanzado su plenitud1
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Eres polvo y al polvo volverás”(Gen 3,19) Estas son las palabras que le dirigió Jahvé a Adán después que éste hubiera desobedecido; estas mismas palabras las repite hoy la Iglesia a todos los cristianos para recordarnos tres verdades fundamentales: no somos nada, somos pecadores y tenemos que morir.La ceniza colocada sobre la cabeza de los fieles, expresa muy bien que el hombre es nada. Cómo debe hacerse añicos el orgullo del hombre ante una verdad semejante. Porque, además el hombre que por sí mismo no sólo es nada sino que es pecador; precisamente el que se sirve de los dones recibidos de Dios para ofenderle. La Iglesia hoy invita a todos sus hijos para inclinar la cabeza para recibir la ceniza en señal de humildad pidiendo perdón por los pecados, al tiempo que les recuerda que en pena de sus culpas, un día volverán a ser polvo.El pecado y la muerte son los frutos amargos e inseparables de la rebeldía del hombre ante Dios, su Señor. “Dios no creó la muerte” ,entró en el mundo por la desobediencia de Adán y es su tristísimo salario( Rm,6,23). El Hombre, creado por Dios para la vida, la alegría y la santidad, lleva en sí mismo un germen de vida eterna y por eso sufre tanto por ese pecado y por esa muerte que amenazan impedirle la consecución de su fin y por lo tanto, la plena realización de sí mismo.La Iglesia no quiere atormentarnos con estas reflexiones, quiere abrir nuestros corazones al arrepentimiento y a la esperanza; porque si la desobediencia de Adán introdujo el pecado y la muerte en el mundo, la obediencia de Cristo ha traído el remedio y la salvación. . El pecado y la muerte son vencidos por Cristo que transforma la muerte física en un paso a la VIDA , a la comunión beatífica y eterna con Dios.La Cuaresma es un tiempo propicio para la conversión. El elemento esencial de la conversión es en verdad la contricción del corazón: sentir el corazón roto por el arrepentimiento de los pecados, un arrepentimiento sincero que lleva consigo un gran deseo de cambiar de vida. Todo hombre , aún el más virtuoso, tiene la necesidad de volver al Señor con más fervor dominando aquellas debilidades que pueden ser un obstáculo y que pueden interponerse y disminuir nuestra orientación total hacia Él..En este Año de la Misericordia debemos acercarnos al Señor no sólo, si por desgracia estamos en pecado mortal, sino para expresarle nuestra tristeza por nuestra falta de generosidad y de fidelidad a la gracia y por todo lo pueda impedir nuestra amistad íntima y filial con Dios nuestro Padre y Creador, todo cuanto enfría nuestra relaciones con Él es un rechazo de su amor que nos exige arrepentimiento, conversión y reconciliación.El Señor ama a sus criaturas, no odia nada de lo que ha creado, a todos nos perdona porque somos suyos; encuentra agrado en el humilde que se arrepiente y llora sus pecados…
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