jueves, 31 de marzo de 2016

JUEVES DE PASCUA



Después de haberse aparecido a María Magdalena, a las demás mujeres, a Pedro y a los discípulos de Emaús en la tarde de la Pascua, Jesús se aparece a los Once y a los que estaban reunidos con ellos en Jerusalén. Ya todos creen en la Resurrección y están hablando de ella: “El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón”. También han escuchado el relato de los de Emaús.  Pero cuando Jesús en “Persona” se aparece en medio de ellos se quedan petrificados y llenos de miedo…Las puertas estaban cerradas por miedo a los judíos y se preguntaban ¿será Jesús?, ¿será un fantasma? El propio Jesús les ayuda a tener fe y a darse cuenta de la realidad:: Ved mis manos y mis pies, que yo soy. Palpadme y ved que soy yo; ved que el espíritu no tiene carne ni huesos como tengo yo; tocad; lo que se palpa no puede ser imaginario. Era tanta la alegría de ver de nuevo vivo al Maestro que no se atreven a creerse a sí mismos. Y el Señor; poniéndose a su nivel, dice: ¿Tenéis aquí algo de comer?. Y tomó con ellos un poco de pez, lo comió “delante de ellos”. Por su estado glorioso no tenía ninguna necesidad física, pero tomó el alimento para demostrar a los suyos la realidad concreta de su Persona. Lo ven allí, en medio de ellos, con su cuerpo glorificado, y aunque éste tiene unas propiedades especiales como el aparecer y el desaparecer de repente, sin embargo es un verdadero cuerpo, como lo atestiguan las heridas de los clavos en las manos y en los pies.

El Señor Resucitado, en sus apariciones, se adapta al ánimo de aquellos a los que se aparece. No trata a todos de la misma manera.; pero a todos los conduce a la certeza de su Resurrección. Porque la Resurrección es la clave de todo el cristianismo y por eso el Resucitado quiere dar todas las garantías para que la fe de los creyentes se apoye en algo sólido. ¡ALELUYA, EL SEÑOR EN VERDAD HA RESUCITADO!