viernes, 18 de septiembre de 2015

JESÚS Y LOS NIÑOS





Jesús, radicalmente viril, era un apasionado de los niños. En la época de Jesús se despreciaba la infancia y se respetaba la ancianidad; pero Él, que no quiso tener hijos de su carne, se atrevió a poner a los pequeños como modelos. Repartía su amor entre los pecadores y los niños.
Vivió en uno de los siglos que más se despreciaba a los niños que, eran tolerados con la esperanza de que se harían mayores. No contaban como personas; eran pequeños seres despreciables, nadie hablaba con un niño porque era tiempo perdido. La virtud de una persona se valoraba por los años; tantos más años se iban cumpliendo, tantos más méritos se iban consiguiendo. Quién conseguía llegar a viejo, había llegado a la cima de sus aspiraciones  Cuando los Apóstoles tratan de separar a los niños de su Maestro, sólo hacen lo que hubiera hecho cualquier judío.
Pero Jesús, rompería con su época; volvería el mundo al revés, entronizaría la sencillez de los niños por su inocencia  y por su carencia de expectativas negativas, ensalzaría la debilidad en aquel mundo de viejos llenos de malicia; y, a sus discípulos les pediría que volvieran a ser niños.
Jesús conoce a los niños, conoce sus juegos; ; disfruta mucho con su alegría cuando tocan la flauta a sus amigos y juegan a imaginarios llantos. Jesús tiene en cuenta a los niños, porque de su boquita sale la oración y la alabanza  que agrada a Dios…ellos aprenden, son inteligentes porque a ellos, “a los párvulos y no a los sabios”, Dios les entregó su Palabra. Jesús quería a los niños, los abrazaba,  los acariciaba con una efusión que los evangelistas no habían visto ni referida a su Madre. Los niños, querían a Jesús, corrían hacia Él , atraídos por su Amor que ellos sabían descubrir.
Jesús se preocupaba seriamente por los niños y reprendía con dureza al que les hiciera algún mal, sobre todo al que escandalizare a alguno de ellos:”Al que escandalizare a uno de estos pequeñuelos que creen en Mí, más le valiera que le colgasen una rueda de molino y lo hundieran en el fondo del mar”(Mt.18)”Porque es voluntad de vuestro Padre que no se pierda ni uno sólo de estos pequeñuelos”.
Y es que, Jesús, llegó a su plena madurez sin que hubiera dejado de ser niño. Su pureza, la limpieza de su alma, la total ausencia de ambición y de egoísmo, justifican el misterio de su permanente infancia.

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