7 DE OCTUBRE
La fiesta de hoy fue instituida por el Papa Pío V
en acción de gracias por las grandes victorias obtenidas por los
cristianos mediante el Rosario de María.
El rosario nos sitúa ante los momentos importantes de la vida de Jesús. El recitado
letánico del Ave María ya se conocía como salterio alternativo de los Salmos.
San Pedro Mártir que murió en 1252, inició las cofradías marianas; Alán de Rupe en 1478 comentó el Rosario de la Virgen María; Alberto de
Castelló, lo estructuró en el 1521; el Papa Pío V lo consagró y, después de la
victoria de Lepanto, el año 1571 implantó la Fiesta. Desde entonces, muchas
familias han fortalecido la fe con el Rosario.
El Rosario, dividido en cuatro partes de cinco
misterios cada una, es una meditación evangélica hecha con María, imitando su
actitud frente a cuanto veía y oía de su Hijo: Ella guardaba todas estas cosas
y las meditaba en su corazón”(Lc,2-19). La primera palabra que oyó sobre Jesús
fue la del Ángel:”Vas a concebir en el sen y vas a dar a luz un hijo, a quién pondrás por nombre Jesús. Él será
grande y será llamado Hijo del Altísimo, (Lc 1,31. En los momentos oscuros, que
fueron muchos: las dudas de José, la pobreza extrema de Belén, el miedo a
Herodes, la Huída
a Egipto y muchos más, la
Virgen recordaba y meditaba
estas palabras: Jesús es el Hijo de Dios; los hombres pueden perseguirlo
y darle muerte; aunque, al final triunfará : “su Reino no tendrá fin. María
habrá recordado jubilosa el saludo de su prima Isabel que, iluminada por el
Espíritu Santo, la reconoció como la
Madre del Salvador; recordará María el nacimiento de Jesús ,
celebrado y animado con luces celestiales
en presencia de los ángeles que le cantaban al Niño, la llegada de los
pastores, la llegada de los Reyes Magos. Todos estos hechos consignados en los
Evangelios, la propia María los narró a
los primeros discípulos y en particular a Lucas, el evangelista de la infancia
de Jesús.. Otra palabra que jamás olvidaría
es la de Simeón con la profecía de los sufrimientos del Niño hecho
“signo de contradicción” y de la espada que traspasaría el corazón de madre.,
(Lc2,34)
En los misterios dolorosos y gozosos del Rosario, no
siempre está presente María, pero su presencia no puede faltar nunca, dada la
participación intensa que siempre tuvo en las vicisitudes de su Hijo. Pero, la Virgen, ocupa un primer plano
en el Calvario y en el Cenáculo. Ella es informada por los discípulos de los
primeros acontecimientos de la
Pasión de Jesús- su Agonía en Getsemaní, la flagelación, su
coronación de espinas- María llega al lugar de la Crucifixión. Aquí, la pasión del Hijo se une a la de la Madre: al pie de la Cruz, unida a su divino Hijo
moribundo, se lo ofrece y se ofrece a SÍ misma al Padre. Ahora está sola , con
el corazón hecho pedazos, acoge a su Hijo muerto entre sus brazos y lo deposita
en el sepulcro. Su fe no vacila. Jesús es Hijo del Altísimo y no puede quedarse
en el poder de la Muerte. Al
alba cuando llegan las primeras noticias de la Resurrección , María
no tiene dudas, como tampoco duda de la Ascensión al cielo. Sola, se queda en el
Cenáculo con los discípulos, en Oración
, esperando el Paráclito. Ella estimula su Oración, aviva su fe y les recuerda
las enseñanzas de su Hijo
Este es el camino que el Rosario ayuda a recorrer
con María y que nos permite contemplar los grandes misterios de Cristo:
Encarnación, Pasión, y Resurrección. Nadie como su Madre puede revelarnos su
inteligencia..
Madre, honrarte como tú mereces , no nos es posible,
pero acepta nuestro afecto en forma de
Ave María. AMÉN.

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