miércoles, 5 de agosto de 2015

LA EMIGRACIÓN





Uno de los problemas de más envergadura es el movimiento de masas, casi siempre obligadas por motivos laborales. Es un derecho de todo hombre el de salir de su tierra y emigrar. La sociedad entera debe apoyar al emigrante y considerarlo en toda su dignidad personal y humana, El emigrante no es un instrumento de producción; es una persona a la que hay que respetar como tal. Por lo tanto, hay que respetar su derecho a tener una vivienda digna, a formar y agrupar a su propia familia y a la incorporación a la vida social del país que se beneficia con su trabajo.

La Doctrina Social de la Iglesia insistirá en la jerarquía de valores, afirmando que el capital está en función del trabajo y no a la inversa. En tal caso, el emigrante no tiene que encontrarse en desventaja frente a los trabajadores nativos y la emigración no puede convertirse en ocasión para la explotación financiera o social.

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