sábado, 1 de agosto de 2015

DIOS NOS AMÓ PRIMERO





El hombre es una criatura que es capaz de amar como criatura. El amor humano llega al afecto, simpatía, sentimiento y, hasta pasión que le permite llegar a una entrega total a la persona amada, como la madre con el hijo. Sin embargo, este amor tan bello, libre de todo egoísmo, dista infinitamente de la caridad, la cual es participación de la caridad infinita que es el Espíritu Santo, y, por lo tanto del amor de Dios mismo.

El hombre no puede tomar ninguna iniciativa, sólo Dios puede hacerlo y, de hecho, Dios ha amado “primero” al hombre y, amándolo ha derramado en él su amor divino para que el hombre pueda amarlo con su mismo amor. Aunque, la capacidad afectiva, por grande que sea,  no puede producir ni siquiera un grado de amor divino

La Sagrada Escritura nos presenta a Dios como Amigo de los hombres: con  Moisés hablaba cara a cara, como haba un hombre con su amigo, (Ex,33,11). El mismo Dios llama a Abrahán amigo suyo; los hebreos  apelaban a esta amistad; le pedían que tuviera misericordia con ellos por intercesión de Abrahán, su amigo, (Is,41). Toda la revelación nos presenta un Dios que acompaña al hombre, que se inventa toda clase de intervenciones para ganarse a los hombres, “para invitarlos a la comunión consigo y recibirlos en su compañía”, (DV 2)  Y, ya el colmo del amor divino llega a un grado cuando Dios mismo, Verbo eterno, Sabiduría increada, toma carne humana para poder estar con los hombres y hablar con ellos. Entre Dios y los hombres hay una distancia infinita y, precisamente por eso, para hacer posible su amistad con los hombres, se hace Dios –Hombre y hace al hombre partícipe de su divinidad

La amistad exige una benevolencia recíproca. Dios ama al hombre primero; el amor del hombre sólo puede ser una respuesta. La manera que tiene el hombre de pagar este amor de Dios es aceptándolo, abriéndole su corazón, dejándose amar por Él. El mismo amor divino que Dios ha infundido en el hombre, pueden ser las primicias de su amor: El amor es de Dios, sólo de Él puede venir, porque el hombre no puede amar a Dios de forma sobrenatural, necesariamente lo tiene que amar  con el mismo amor de Dios. Si el hombre es capaz de corresponder haciendo lo que le es grato a Dios, la amistad será perfecta porque se funda en igualdad de amor.

El misterio de la amistad entre Dios y los hombres, hay que aceptarlo como un Don; su naturaleza no es amor humano, sino amor divino y, gracias a él, el hombre se vuelve capaz de amar con amor divino. Jesús nos habló muchas veces de este amor divino comunicado a los hombres; de manera especial, en la Última Cena: “Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor”, (Jn,15,9) Y, volviéndose al Padre: “el amor  con que Tú me has amado esté en ellos, y yo en ellos”, (Jn,17,26). Este es el camino del amor divino: del Padre al Hijo, del Hijo a los hombres. El hombre será amigo de Dios si quiere y hace lo que quiere Dios.

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