viernes, 30 de octubre de 2015

DOMINGO, 1 DE NOVIEMBRE



DOMINGO, 1 DE NOVIEMBRE

La fiesta de Todos los Santos que celebramos hoy, es una fiesta bonita, optimista y cargada de esperanza: el proyecto del Reino que con tanto cariño vivió y predicó Jesús, ha sido aceptado por muchísimas personas y comunidades de todos lo tiempos. La Liturgia de la Iglesia peregrina se une hoy a la Iglesia celestial para  adorar y celebrar a  Cristo fuente de la santidad y de la gloria de los elegidos, una “muchedumbre inmensa de toda raza, nación,  pueblo y lengua”. Todos están “marcados en la frente” y “vestidos con ropas blancas”, “lavadas en la sangre del Cordero”, símbolos del Bautismo que imprime en el hombre el carácter inconfundible de pertenencia a Cristo y que, habiéndolo purificado del pecado, lo reviste de pureza y de gracia bañándolo con su Sangre. Ya que la santidad no es más que la fidelidad a la gracia bautismal y ello es posible a todos los bautizados.

Los Santos que celebramos hoy, no son sólo los que están canonizados;  también celebramos otros mucho más numerosos, desconocidos que, con la ayuda de Dios se han santificado observando una vida sencilla, sin brillo, sin gestos de ostentación; pero que han sido capaces de vivir una vida de piedad real y preciosa a los ojos de Dios. Ya en la bienaventuranza eterna, todos los elegidos, no cesan de dar gracias a Dios cantando con los ángeles: “La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono y del Cordero. Y responde en el cielo el “AMÉN” eterno de los ángeles, arrodillados  delante del trono del ALTÍSIMO; y en la tierra, mientras caminamos hacia la patria celestial, el Pueblo de Dios, también adora y canta su AMÉN, unidos a Cristo que abre a todos el camino de la santidad.

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