sábado, 30 de abril de 2016

EL OFRECIMIENTO DE OBRAS






Para ordenar nuestra vida, el Señor nos regala los días y las noches. El hombre sale cada mañana a trabajar hasta el anochecer y, cuando llega la noche, el Señor nos ordena que dejemos cualquier tipo de trabajo que estuviéramos realizando porque quiere que vayamos a descansar: nosotros nos resistimos, hubiéramos querido continuar “trabajando”, pero Dios extiende un gran manto negro sobre nuestra vida y la oscuridad nos envuelve y comprendemos EL que ya sólo queda obedecer, pedirle perdón por las cosas que pudimos hacer mal y darle gracias por todos los bienes recibidos. Cuando la oscuridad se cierra a nuestro alrededor, vivimos un ensayo de la muerte; y el alma y el cuerpo se dan las buenas noches… Llega la mañana y con ella nuestro re-nacimiento. Todos los días comienzan con un nacimiento y acaban con una muerte, cada día es una vida en miniatura. Al final, nuestra vida habrá sido santa y agradable a Dios si nos hemos comprometido y hemos procurado que cada jornada fuera grata a Dios desde que nace el sol hasta su ocaso. Y también las noches, porque de la misma manera se las hemos ofrecido al
El Señor nos dice cada mañana: “Pórtate bien hoy; ya no te acuerdes de ayer, que ya pasó; y, no te preocupes tampoco de mañana, porque aún está en las manos del Señor, que no sabes si llegará para ti…El día de ayer ha desaparecido para siempre con todas sus posibilidades y con todos sus peligros. De él ya sólo te han quedado motivos de contrición Señor. por las cosas que no hiciste bien y motivos de gratitud por los dones que has recibido de Dios.

El día de hoy lo vamos a comenzar ofreciéndoselo a Dios; no se puede empezar un día de cualquier modo. El ofrecimiento de obras por la mañana  nos dispone para escuchar las innumerables inspiraciones y mociones del Espíritu Santo que ya no se repetirá nunca más. En cada jornada nos habla Dios. De buena mañana le decimos al Señor que queremos servirle y vivir en su Presencia y que queremos ofrecerle nuestro amor filial, que estamos decididos a afrontar la vida con esperanza , pero si por desgracia nos portamos mal, estamos dispuestos, como hijos, a superar  nuestra falta con un acto de amor sincero.. Nuestras oraciones se las ofrecemos a través de su Madre que también es Madre nuestra

San Pablo exhortaba a los primeros cristianos a ofrecer todo su día a Dios. Les decía a los de Corinto:”Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis alguna otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios”. Muchos cristianos tienen el hábito adquirido de dirigir su primer pensamiento a Dios; si se despiertan durante la noche, también saludan al Señor. Y, al levantarse le ofrecen el “minuto heroico”, una verdadera mortificación que fortalece la voluntad del cristiano y le ayuda  para el resto de la jornada. No hay unas fórmulas concretas, cada uno hace el ofrecimiento de obras y la consagración personal diaria a Nuestra Señora: “¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco del todo a Vos, y en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro, ¡oh Madre de bondad! Guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra. Amén.” Seguimos con el Bendita sea tu pureza a la Virgen y con la oración al Ángel de la Guarda; recordamos  los propósitos de enmiendo que hicimos al ir a dormir y ahora los renovamos y le pedimos a nuestro Abba la gracia para cumplirlos: “Señor, Dios Todopoderoso, que nos has permitido llegar al comienzo de este día: sálvanos hoy con tu poder, para que no caigamos en ningún pecado; que nuestras palabras, obras y sufrimientos, sigan el camino de tus mandatos. AMÉN.

Pensemos que un día será el último y también se lo habremos ofrecido a Dios, nuestro Padre y, si hemos sido fieles, si le hemos ofrecido continuamente a Dios nuestra vida, Jesús se pondrá contento y nos dirá como al buen ladrón: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario