Eres polvo y al polvo
volverás”(Gen 3,19) Estas son las palabras que le dirigió Jahvé a Adán después
que éste hubiera desobedecido; estas mismas palabras las repite hoy la Iglesia
a todos los cristianos para recordarnos tres verdades fundamentales: no somos
nada, somos pecadores y tenemos que
morir.
La ceniza colocada sobre la
cabeza de los fieles, expresa muy bien que el hombre es nada. Cómo debe hacerse
añicos el orgullo del hombre ante una verdad semejante. Porque, además el
hombre que por sí mismo no sólo es nada sino que es pecador; precisamente el
que se sirve de los dones recibidos de Dios para ofenderle. La Iglesia hoy invita a todos sus hijos para inclinar la
cabeza para recibir la ceniza en señal de humildad pidiendo perdón por los pecados, al tiempo que les recuerda
que en pena de sus culpas, un día volverán a ser polvo.
El pecado y la muerte son los
frutos amargos e inseparables de la rebeldía del hombre ante Dios, su Señor.
“Dios no creó la muerte” ,entró en el mundo por la desobediencia de Adán y es
su tristísimo salario( Rm,6,23). El Hombre, creado por Dios para la vida, la
alegría y la santidad, lleva en sí mismo un germen de vida eterna y por eso
sufre tanto por ese pecado y por esa muerte que amenazan impedirle la
consecución de su fin y por lo tanto, la plena realización de sí mismo.
La Iglesia no quiere
atormentarnos con estas reflexiones, quiere abrir nuestros corazones al
arrepentimiento y a la esperanza; porque si la desobediencia de Adán introdujo
el pecado y la muerte en el mundo, la obediencia de Cristo ha traído el remedio
y la salvación. . El pecado y la muerte son vencidos por Cristo que transforma
la muerte física en un paso a la
VIDA , a la comunión beatífica y eterna con Dios.
La Cuaresma es un tiempo
propicio para la conversión. El elemento esencial de la conversión es en verdad
la contricción del corazón: sentir el corazón roto por el arrepentimiento de
los pecados, un arrepentimiento sincero que lleva consigo un gran deseo de
cambiar de vida. Todo hombre , aún el más virtuoso, tiene la necesidad de
volver al Señor con más fervor dominando aquellas debilidades que pueden ser un
obstáculo y que pueden interponerse y disminuir nuestra orientación total hacia
Él..
En este Año de la Misericordia debemos
acercarnos al Señor no sólo, si por desgracia estamos en pecado mortal, sino
para expresarle nuestra tristeza por nuestra falta de generosidad y de
fidelidad a la gracia y por todo lo pueda
impedir nuestra amistad íntima y filial con Dios nuestro Padre y Creador, todo cuanto enfría nuestra relaciones con Él es un
rechazo de su amor que nos exige arrepentimiento, conversión y reconciliación.
El Señor ama a todos los seres,
no odia nada de lo que ha creado, a todos nos perdona porque somos suyos;
encuentra agrado en el humilde que se arrepiente t expía sus pecados…

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