jueves, 21 de enero de 2016

LA CENIZA





Eres polvo y al polvo volverás”(Gen 3,19) Estas son las palabras que le dirigió Jahvé a Adán después que éste hubiera desobedecido; estas mismas palabras las repite hoy la Iglesia a todos los cristianos para recordarnos tres verdades fundamentales: no somos nada, somos pecadores  y tenemos que morir.

La ceniza colocada sobre la cabeza de los fieles, expresa muy bien que el hombre es nada. Cómo debe hacerse añicos el orgullo del hombre ante una verdad semejante. Porque, además el hombre que por sí mismo no sólo es nada sino que es pecador; precisamente el que se sirve de los dones recibidos de Dios para ofenderle. La Iglesia  hoy invita a todos sus hijos para inclinar la cabeza para recibir la ceniza en señal de humildad pidiendo perdón  por los pecados, al tiempo que les recuerda que en pena de sus culpas, un día volverán a ser polvo.

El pecado y la muerte son los frutos amargos e inseparables de la rebeldía del hombre ante Dios, su Señor. “Dios no creó la muerte” ,entró en el mundo por la desobediencia de Adán y es su tristísimo salario( Rm,6,23). El Hombre, creado por Dios para la vida, la alegría y la santidad, lleva en sí mismo un germen de vida eterna y por eso sufre tanto por ese pecado y por esa muerte que amenazan impedirle la consecución de su fin y por lo tanto, la plena realización de sí mismo.

La Iglesia no quiere atormentarnos con estas reflexiones, quiere abrir nuestros corazones al arrepentimiento y a la esperanza; porque si la desobediencia de Adán introdujo el pecado y la muerte en el mundo, la obediencia de Cristo ha traído el remedio y la salvación. . El pecado y la muerte son vencidos por Cristo que transforma la muerte física en un paso a la VIDA , a la comunión beatífica y eterna con Dios.

La Cuaresma es un tiempo propicio para la conversión. El elemento esencial de la conversión es en verdad la contricción del corazón: sentir el corazón roto por el arrepentimiento de los pecados, un arrepentimiento sincero que lleva consigo un gran deseo de cambiar de vida. Todo hombre , aún el más virtuoso, tiene la necesidad de volver al Señor con más fervor dominando aquellas debilidades que pueden ser un obstáculo y que pueden interponerse y disminuir nuestra orientación total hacia Él..

En este Año de la Misericordia debemos acercarnos al Señor no sólo, si por desgracia estamos en pecado mortal, sino para expresarle nuestra tristeza por nuestra falta de generosidad y de fidelidad a la gracia  y por todo lo pueda impedir nuestra amistad íntima y filial con Dios nuestro Padre y Creador, todo  cuanto enfría nuestra relaciones con Él es un rechazo de su amor que nos exige arrepentimiento, conversión y reconciliación.

El Señor ama a todos los seres, no odia nada de lo que ha creado, a todos nos perdona porque somos suyos; encuentra agrado en el humilde que se arrepiente t expía sus pecados…


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